domingo, 21 de marzo de 2010

La apasionante y extraña aventura de ser inmigrante


¿Por qué escribir acerca de mi experiencia como inmigrante? Porque cuando emprendí la aventura de dejar mi país para ir detrás de un amor en otras tierras, me hubiera gustado que alguien me aconsejara o guiara en los pasos correctos para no cometer errores innecesarios; sin embargo, no tuve suerte en ese sentido y tuve que recorrer el camino que lleva hacia la tan codiciada 'green card', sin ninguna guía y atravesando muchas veces por situaciones difíciles, pero sobre todo innecesarias. Pero antes de continuar quiero aclarar algo fundamental, este blog no tiene como propósito ayudar a quienes desean emigrar a los Estados Unidos utilizando mentiras o situaciones falsas. No patrocino a quienes deciden utilizar métodos fraudulentos para conseguir la residencia. También quiero que quede en claro que esta es mi experiencia personal y que de ninguna manera se puede tomar como una regla, pero estoy seguro que servirá en mucho a quienes se encuentren en una situación similar a la que me ha tocado vivir.

Soy argentino y viví casi toda mi vida en Buenos Aires, hasta el día que conocí a una persona a través del internet que vivía en Puerto Rico. En aquella época yo no tenía idea de cual era la situación política o económica de Puerto Rico, ni siquiera sabía que era un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos y que su moneda era el dólar. Pero la amistad y el interés entre esta persona y yo fue creciendo y muy pronto pasamos del internet a hablar por teléfono, ella desde su isla en el caribe y yo desde mi Buenos Aires. Luego de un año de esta relación a distancia, ella decidió viajar a mi país para conocernos y muy pronto la relación se afirmó y se convirtió en un noviazgo. Pero la distancia era un gran problema, de manera que uno de los dos debía tomar una decisión y fui yo quien tomó la determinación de viajar a Puerto Rico con la idea de comenzar en ese país una nueva vida junto a mi novia. No fue fácil tomar esa decisión, pero luego de viajar a la isla dos veces en un año, entendí que debía tomar la decisión de quedarme de una vez. A esa altura ya conocía cuales eran mis posibilidades como inmigrante. Pensar en vivir en Puerto Rico era exactamente lo mismo que querer vivir en los Estados Unidos, ya que las leyes migratorias eran y son las mismas para ambos países. Cuando averigüé respecto a los pasos a seguir, me orientaron a considerar la visa de novio, pero era tan complicado y los tiempos para someter ese formulario parecían tan extensos que desistí de esa idea y pensé que sería mucho más rápido pensar en viajar a la isla y contraer matrimonio con mi novia; sabía que de esa manera podría quedarme a vivir allí sin mayores problemas mientras resolvía mi status legal y mientras me establecía y conseguía un trabajo. Mi novia estaba dispuesta a que nos casáramos, de manera que esa era en verdad la manera más rápida, el atajo más conveniente para acelerar las cosas. Sin embargo la falta de conocimiento y la existencia de muchos mitos con relación a la oficina de migraciones hicieron que todo se relentara y se tardara más de lo debido. Esa situación hizo que una vez que decidí quedarme, mis trámites se tardaran casi tres años en llegar a término, por lo cual estuve cuatro años y medio sin poder viajar a la Argentina y sin poder ver a mi familia en Buenos Aires. Fue una experiencia muy dura para mi, pero no estoy arrepentido de mi decisión. Hoy espero que mi experiencia sirva para que aquellas personas que enfrenten una situación similar no tengan que pasar por los mismo problemas y logren acelerar los trámites de manera notoria.

Algo que yo no sabía en aquella época y que hubiera hecho la diferencia, es el hecho de que quienes entran a los Estados Unidos de manera legal, tal como yo lo hice, con una visa, tienen muchas ventajas por sobre las personas que han entrado ilegalmente y son indocumentados. Recuerdo que la mala influencia de otros inmigrantes (lamentablemente argentinos) hicieron que yo tuviera una especie de pánico a tener que ir a la oficina de migraciones. Cuando decidí quedarme en Puerto Rico definitivamente, llevé conmigo un acta de divorcio de mi matrimonio anterior, pues sabía que me la solicitarían para poder volver a casarme ; tomé los debidos recaudos averiguando cada detalle, por lo cual hice que mi sentencia de divorcio llevara los correspondientes sellos acordados por los tratados internacionales para tener validez en los Estados Unidos. Pero eso no fue suficiente. Para que vean que la maldita burocracia es un estorbo en todas partes, les diré que cuando mi novia y yo nos presentamos ante el tribunal para solicitar una fecha para nuestra boda, mi sentencia de divorcio por sí sola no sirvió; me dijeron que debía llenar unos papeles en los cuales explicaría mi situación ante un juez para que me fuera otorgado un exequatur, algo así como una sentencia que reconoce el divorcio de un extranjero en su país de origen y le da luz verde para casarse en Puerto Rico. Llené ese papel con indicaciones de un empleado de la oficina correspondiente del tribunal y luego que lo presenté se me dijo que debía esperar quince días o como máximo un mes. Para entonces mi visado ya se había vencido y yo estaba convencido que mi situación se había tornado ilegal, sin embargo y tal como les comentaré a continuación, esa suposición era falsa.

Llamé durante varias semanas al tribunal y me presenté personalmente varias veces reclamando mi trámite de exequatur, hasta que un día casi dos meses más tarde me devolvieron el papel que yo había presentado y me dijeron que no procedía, y que para hacer ese trámite debía contratar un abogado; obviamente les dije que por qué no me lo dijeron desde la primera vez, pues me hicieron perder muchísimo tiempo. Sin embargo mi calvario recién empezaba. Y cuando digo calvario me refiero concretamente a los tiempos y destiempos de la burocracia. Busqué un abogado y contraté uno que me recomendó un amigo. El licenciado rápidamente me aseguró que el trámite podría demorarse entre seis u ocho meses. Yo no lo podía creer, pero así ocurrió y peor. La documentación que yo había traído desde Buenos Aires no era suficiente, con la sentencia de divorcio no alcanzaba y se me solicitó el expediente completo de mi divorcio. Esto, por supuesto, demoró mucho más el trámite de mi exequatur y pasó casi un año completo hasta que mi abogado entregó ese papel en mis manos. Mientras tanto yo no me animaba a presentarme ante las autoridades de migraciones por miedo a que mi situación hiciera que me deporten; recuerden que aún no estaba ni siquiera casado con una ciudadana puertorriqueña (estadounidense), de manera que me encontraba viviendo en territorio estadounidense, con mi visa vencida y sin posibilidad de tener un trabajo legal ni licencia de conducir. Ahora sólo esperaba poder contraer matrimonio rápidamente y con mi exequatur en mano eso ocurrió bastante rápido.

En la guía amarilla encontré algunos abogados que se especializaban en el tema de trámites migratorios, pero lo que cobraban, para mi situación económica era demasiado caro. Así que desistí de esa idea y me animé a encarar la situación por mi cuenta; con la experiencia que había tenido en los tribunales fue suficiente para llamar a migraciones y preguntar si era imprescindible que un abogado me representara; la respuesta fue que no era necesario y que yo podía llevar adelante mis trámites de residencia.

Una vez que tuve mi acta de matrimonio me animé a presentarme en las oficinas de Migración del Gobierno de los Estados Unidos con sede en Puerto Rico. Ese día descubrí que muchos de los miedos que yo tenía eran infundados, pues lo primero que la agente de migraciones me dijo fue por qué no me presenté antes de que se venciera mi visa; si lo hubiera hecho hubiese evitado la aplicación de la penalidad por quedarse en territorio estadounidense sin visa. La pena, en mi caso implicaba que hasta que terminara todos mis trámites ante migraciones, no podía salir del país, ya que si lo hacía no podría volver a entrar en territorio americano por diez años. Por ese motivo, hasta que obtuve mi green card no pude visitar a mi familia. Pasaron en total cuatro años y medio, un lapso de tiempo que la burocracia le robó a mi libertad de viajar fuera de la frontera. Pero lo positivo fue que a partir de allí rápidamente migraciones me otorgó mi permiso de trabajo y el resto de los trámites se fueron realizando según los tiempos que normalmente se tarda el Servicio de Inmigración y Ciudadanía de los Estados Unidos (USCIS por sus siglas en inglés). Quiero destacar como muy importante el hecho de que los diferentes formularios que se deben llenar tienen cada uno un costo individual y ese costo no es barato. Sobre todo en los últimos años los precios han ido aumentando de manera considerable.

Una vez que todos los formularios necesarios se sometieron era cuestión de esperar. Pero quiero detenerme en un formulario en especial, el cual podría ser un gran dolor de cabeza para quienes no tengan un apoyo afectivo como el que yo tuve. El formulario en cuestión es la declaración jurada de sustento económico y garantía que debe firmar un ciudadano estadounidense, el cual a través de la firma de esa declaración se hace cargo literalmente del inmigrante por un término de diez años. Una vez que esa persona firma haciéndose cargo del inmigrante en cuestión, no puede retractarse y deberá responder ante migraciones por esa persona durante ese término de tiempo impuesto por el USCIS. Por esta razón, para algunas personas es difícil conseguir un 'garante' que se anime a firmar semejante responsabilidad por tantos años a futuro. En mi caso, mi propia esposa firmó por mi, pero conozco varios casos de inmigrantes que tardaron muchos años en encontrar alguien que aceptara ser garante. Este punto es bien importante, pues este paso es fundamental y decisivo para que migraciones otorgue la residencia.

Todo iba sobre ruedas, todas las aplicaciones estaban entregadas y sólo era cuestión de esperar que migraciones me citara para los pasos finales. Un día me llegó una carta con instrucciones para presentarme a dejar mis huellas digitales. Poco tiempo después fuimos citados mi esposa y yo a la cita clave, una entrevista con un oficial de migraciones. De esa entrevista dependía la entrega de mi 'green card'. Pero acerca de esa entrevista y otros detalles que quizás hoy se me escapan, comentaré en un próximo post. Hace siete años que vivo en Puerto Rico y hace tres que obtuve mi tarje de Residente Permanente. En el año 2010 podré aplicar para obtener la ciudadanía estadounidense, lo cual por supuesto es opcional, y de no desearlo simplemente cuando se venza mi 'green card' podré solicitar una nueva.

Aún quiero contarte muchos detalles, pero con lo aquí escrito hay material como para darte una idea general de lo que implica iniciar una vida nueva en los Estados Unidos. Obviamente ya te habrás dado cuenta que no es "soplar y hacer botellas". Pero tampoco es tan terrible como algunos lo pintan. Si alguien me hubiera advertido acerca de la mayoría de las cuestiones que he expuesto en este blog, tal vez mis tiempos se hubieran reducido o, al menos no tendría que haber esperado cuatro años y medio para poder viajar a visitar a mi familia. Estar lejos de los familiares no es lo más terrible de un inmigrante; lo realmente dramático es no poder viajar cuando uno quiere o lo necesita. Déjame tus comentarios o preguntas y trataré de responder a tus inquietudes con mi mejor empeño.

La página del Servicio de Inmigración de los Estados Unidos es www.uscis.gov
Actualmente la mayoría de los temas más importantes pueden accederse en español. Sin embargo los formularios para aplicar deben llenarse todos en idioma inglés.